Larra Larrau (hurrengo egunean)

Por el Pirineo navarro

Belagoako bailara
   Isaba, irailak 8. El día anterior se llevó a cabo la marcha ciclista Larra-Larrau. Mi idea era hacerla el domingo por libre. Sería el recorrido corto, el de 100 km. Estaba pronosticado buen tiempo, aunque frío, eso sí. Como bien pude comprobarlo más tarde, sobretodo en las zonas altas. 
   Me pongo en marcha poco antes de las diez de la mañana. Viento en contra hasta el Rincón de Belagua. Comienzo la subida del puerto por una excelente carretera, y un desnivel aceptable, gracias a sus numerosas lazadas. Durante el ascenso me cruzo con bastantes coches deportivos, presumiblemente formando parte de un rallie o algo por el estilo. Una pareja de ciclistas me siguen a unos ciento cincuenta metros. Paso junto al cruce que lleva a la venta de Juan Pito. Llego pronto al mirador del valle, donde me detengo a tomar alguna foto. Más adelante un gran rebaño de ovejas cruzando la carretera me obliga a parar un rato. 

Artaldeak lehentasuna dute hemen

   Más fotos. La pendiente va decreciendo, pero con la altitud el frío se hace más acusado. 
Es el viento, que atiza inmisericorde. 

Larrako karstatik zehar

   Atravieso la zona deportiva de El Ferial, y el entorno kárstico de Larra, con algún tramo de descenso incluido. Belleza por todos lados: lapiaz calizo y pino negro forman un conjunto característico, así hasta llegar al alto de La Piedra de San Martin (1765 metros). Mucho frío. Me detengo para colocarme el chaleco, comer algo, y continúo para abajo, hacia el lado francés. Tras pasar la estación de ski de Arette- Pierre San Martin, tomo el cruce, a la izquierda, que se dirige a Santa Garazi, en pleno corazón de Zuberoa. Uno de los enclaves más bellos y auténticos de Euskalherria. A pesar de que el turismo también está presente en este apartado rincón (no hay más que ver el parking de las gargantas de Kakueta), aún mantiene su esencia ancestral, marcada principalmente por una orografía tremendamente abrupta, sin contemplaciones. 

Santa Garazi
   Continuo pedaleando en ligero descenso, hasta alcanzar el cruce que, por la izquierda, tomando la D26, me llevará al comienzo de la subida al puerto de Larrau. La carretera transcurre pegada al río, y pierde su horizontalidad a la altura de Laugibar, punto de acceso al vertiginoso puente colgante de Holtzarte. Restaurante con terraza y aparcamiento. Una paradita para vaciar el depósito, y de nuevo en marcha. En este punto comienza realmente el puerto. La calzada se empina bruscamente y sin descanso, hasta llegar al pueblecito de Larrau. Algunas pintadas nos indican que por aquí los osos no son bienvenidos. Me detengo a tomar un refresco y rellenar bidones, al tiempo que saboreo alguna barrita y un trocito de pan de higo; preparándome para lo que me aguarda. A la salida del pueblo dejo a mi derecha la ruta que se dirige a los chalets de Irati.    Otra subida monstruosa. 

Larraineko irteeran
   Comienzo a ascender suavemente, sin prisas. La subida se hace llevadera al principio, pero pronto te das cuenta de que el desnivel es tremendo, siempre por encima del 10-12 %, y así durante varios kilómetros. Sin tregua. Tratando de no mirar adelante, solo hacia abajo. Me resulta penoso. Decido poner el pie en el suelo,  a ver si recupero un poco. Una vez que sales del bosque, enseguida se alcanza el collado de Erroymendi, con amplias vistas. Una foto junto al cartel, y no me detengo mas a contemplar el paisaje, debido al viento frío. Y eso que el sol se deja ver. Tras una zona revirada de sube y baja, comienza la parte última del puerto. También durilla, pero con la cercanía del collado final, todo parece más llevadero. El Ory se muestra en toda su belleza, rodeado de  inmensas y empinadas praderas verdes. Territorio pastoril.

Larrauko gaina

Larrauko gaina
   Col de Larrau, 1.500 metros. El aire es frío, muy frío, y no contribuye al merecido relax.  En estas condiciones disfrutar de las maravillosas vistas del entorno, del espléndido paisaje que se abre por todos lados, resulta poco agradable. Pero merece la pena detenerse un ratito. Milanos reales, buitres leonados, y veloces golondrinas surcan el cielo. Ahora toca un poco de llaneo, barrera canadiense, y túnel. Ya estoy en la vertiente sur, y la carretera se dirige ya  hacia abajo. Al poco rato, una vaca atravesada en mitad del camino casi me pega un buen susto. Paso despacito frente a ella, y ni se inmuta. Tras un rápido descenso, llego al cruce donde giraré a la izquierda, en dirección a Isaba (NA-140). Si continuase enfrente, iría a Otsagi (Ochagavia). 
Parece que ya va faltando menos para el final.
   La carretera es tranquila, con escaso tráfico, pero poco a poco se va inclinando para arriba. Queda todavía el pequeño alto de Leza, última tachuela del recorrido. Tras superarlo, el descenso hacia Ustarrotze se hace llevadero, con viento a favor. Es un trayecto de disfrute, junto al río, y sobretodo sabiendo que el final se halla tan cerca. 
   Por fin. Tras más de cinco horas de pedaleo, ya estoy de nuevo en Isaba, en el aparcamiento desde el que esta mañana tomé la salida. Fin de la ruta. Toca estirar y comer un bocata de jamón. Al cabo de un buen rato aparece la pareja de ciclistas que había visto en la subida desde Belagua. Eran catalanes, de Sabadell, me dijeron. Hablamos un rato de nuestra aventura y otras cositas de la afición, mientras ella no paraba de estirar cuadriceps y demás. Nos despedimos, y cuerpo al coche. Dos horitas me quedan hasta casa. Escucharemos por la radio cómo va la etapa de la Vuelta.

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